lunes 17/5/21

El procés entra en campaña

El independentismo catalán ha decidido que el “proces” (“lo volveremos a hacer”) entre en la campaña electoral del 14-F. La concesión de la semilibertad a los condenados en el juicio por el intento secesionista del 1 de octubre (una competencia de la Generalitat, sin perjuicio de posterior recurso de posterior recurso de la Fiscalía) es un desafío al Tribunal Supremo, apenas mes y medio después de que el alto tribunal tumbara una decisión precedente del govern en ese sentido.

Al mismo tiempo, los diputados de ERC, PdeCat y JxC en el Congreso votaron “no” a la convalidación del decreto del Gobierno sobre los fondos europeos de ayuda económica. Y nadie ha ignorado la carga electoralista de esa jugada, sobre todo en el caso de ERC, uno de los costaleros de Sánchez en la aprobación de los PGE 21 y el vigente estado de alarma.

Estamos ante una derivada del llamado “efecto Illa” y la negativa del TSJC a aplazar las elecciones. La irresistible ascensión en los sondeos del candidato socialista había descolocado a los partidos independentistas, pero estos se abrazaron a la doctrina del mal que por bien no venga. Aparcaron sus diferencias y, con las dos decisiones antedichas (presos fuera y decreto de fondos europeos) han vuelto a hablar con una sola voz contra la “judicialización de la política catalana” y a recuperar su hasta ahora rentable discurso victimista frente a una supuesta conjura del Estado (Gobierno y jueces) para desalojar al nacionalismo del poder.

Interrumpir la luna de miel de Moncloa con ERC, como se ha visto en la convalidación del decreto sobre fondos europeos, ha tenido otro efecto perturbador: que haya salido adelante con la abstención de los 52 diputados de Vox. La señal recibida por Bruselas habla de la fragilidad de un Gobierno que, en asuntos de Estado, se apoya en fuerzas extremas como Bildu (votó sí) y Vox (se abstuvo) para sacar adelante ese decreto sin la complicidad del principal partido de la oposición (PP voto “no”).

La situación es tan surrealista que el repudiado Vox, indeseable representante del populismo de derechas, ha quedado de partido serio y responsable en el discurso del Gobierno, si tenemos en cuenta que ha consistido en afear la conducta del PP, por volver a ejercer como el partido de la destrucción, al tiempo que agradecía el sentido de la responsabilidad de los partidos que habían hecho posible la aprobación del decreto.

Se ven venir las pedradas cruzadas en la campaña catalana que acaba de comenzar, ya a fecha inamovible (el TSJC se ratifica en el 14 de febrero. De lado a lado de la barricada entre “indepes” contra españolistas, y al revés, y entre políticos del mismo pelaje en los respectivos bloques. PP ve en Vox un salvavidas de Sánchez y Puigdemont embestirá contra ERC por haberse fiado del PSOE. Qué cosas, oiga.

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